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Volvería a soñar
los sueños infantiles
que siempre acababan
a la hora de marchar.

Me atrapa un caído
en este anzuelo
que pesca mi alma.
Don Pancracio no dimite
de su trabajo de recadero
mientras no cambie de ruta
y siga yendo por la arena
donde las sirenas ríen
bebiendo tinto y cerveza.

En un rincón del hemisferio
Don Pancracio ha encontrado
para él un par de sirenas.
No saben que él las mira,
ni sospechan que las lleva
guardadas en una foto
para verlas cuando quiera.